Los antecedentes anteriores dan cuenta que desde joven García
Moreno se destacó por tener una gran lucidez y vocación para el estudio,
factores que desgraciadamente no fueron provechosamente utilizados debido al
carácter apasionadamente violento que éste siempre mostró. También estudió
durante un tiempo en París. Es casi seguro que la estadía en la capital
francesa contribuyó a generar su admiración prácticamente incondicional hacia
todo lo francés. En París se volvió un gran admirador de Napoleón III, quien
logró aplastar la Revolución Republicana de 1848. Allí también leyó muchos
libros afines a la iglesia católica, lo cual seguramente hizo aumentar su ya
inmensa devoción hacia este credo.
Lírico y fanáticamente religioso, además de gran escritor
epistolar, dejó cientos de cartas, donde se descubre su fatal temperamento, su
preocupación por asuntos intranscendentes para el bien de la mayoría y, su afán
de servir incondicionalmente a los intereses particulares de la iglesia
católica en desmedro de los demás. Pese a eso, su inclinación científica y
preocupación académica tratan, de que el Ecuador llegue a desarrollar una
cierta capacidad educacional y una ejecutoria asociada al aprendizaje de las
ciencias.
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